Arxiu mensual: març de 2015

El verano mágico de Russo

RUSSO, Richard
El verano mágico en Cape Code
Ed. Alfaguara
2010

Els nord-americans solen anar per davant. També en l’art i en la literatura, que, encara no fa mig segle, eren patrimoni europeu. Els escriptors que marquen tendència són nord-americans. Richard Russo forma part de l’olimp literari nord-americà i, per consegüent, mundial. Però ho fa amb novel·les de tall europeu diguem-ne tradicional. Novel·les de família, de grups i xarxes socials que es fan i es desfan moltes vegades al marge de la voluntat dels protagonistes. Com la vida mateix d’allà i també d’ací, lligada a fet atzarosos i incontrolables que potser no entraven en el nostre itinerari biogràfic previst ni desitjat. El verano mágico en Cape Code n’és el darrer lliurament, després d’Empire Falls, que fou premi Pulitzer el 2002 i de la monumental Puente de los Suspiros. De prosa cristal·lina, Russo no solament es fa llegir amb plaer sinó que ho fa amb una ironia que semblaria impossible per a uns temes que el lector pot tindre ben encarnats al seu medi vital més pròxim. Els americans van per davant, però, almenys en la desestructuració de la vida tradicional i un cert desarrelament vital, ja els toquem el tòs. Llegim els seus autors i ens coneixerem nosaltres mateixos.

Evocació fallera de Las Vegas

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Aquest article havia de publicar-se el dia que s’adjudicara a Barcelona la construcció de l’Eurovegas, que, finalment, va anar a Madrid.
L’article es va quedar, llavors, en el calaix. Ara, ecologista que és un, l’he reciclat en bona part per a un text del catàleg i exposició Els valencians als EUA del Museu d’Etnologia de València.
El recupere ací, a les portes de les falles, i amb Rita Barberà en plena forma, en la seua versió original.

EVOCACIÓN FALLERA DE LAS VEGAS
Toni Mollà

El viajero que llega en avión a Las Vegas desde San Francisco o Los Angeles descubre en plano de picado una inmensa mancha suburbana tejida alrededor de clónicos shopping centers: un enjambre de construcciones híbridas de casino, hotel y sala de espectáculos que cobijan una infinita oferta de entretenimiento sin discriminación horaria o de servicios. “Busque lo que busque un adulto, lo encontrará en Las Vegas”, declaraba hace unos años el entonces alcalde, y ahora alcalde consorte, Oscar Goodman, veterano abogado defensor de los padrinos que se repartían influencias sobre el negocio en el término municipal.

Ya en tierra firme, el visitante se topará con un inacabable catálogo de servicios bajo el techo y la máscara de carnavalescas reproducciones de la torre Eiffel, la pirámide de Luxor o cualquier otro icono del turismo universal, incluido el lago Como, con sus olivos mediterráneos en pleno clima desértico! Si se dirige hacia el norte por Las Vegas Boulevard, the strip, una especie de calle mayor a la americana, el paseante llegará al hotel Flamingo, de resonancias mafiosas, y, finalmente, al incomparable The Venetian, con sus góndolas y sus canciones de amor, propiedad de Sheldon Adelson, presidente de Las Vegas Sands, máximo valedor de las exenciones tributarias y de la laxitud legal para sus negocios, y promotor de Eurovegas, el proyecto que se disputan los gobiernos autonómicos de Catalunya y Madrid.

Hasta un viajero valenciano, que lleva en su ADN cultural la exageración y el esperpento, queda noqueado por la sobredosis kitch que caracteriza el lugar, muy superior a la que su condición indígena le tiene acostumbrado. Aturdido por el bombardeo de publicidad, cegadoras luces de neón y música sin control, el viajero ha llegado a la meca universal de todas las fallas, pues a diferencia de nuestros inocentes monumentos –¡cuya gran virtud es la temporalidad!– éstos no se someten al fuego purificador de la noche de Sant Josep. ¡Quizá por ello Las Vegas es conocida como Sin City, la ciudad del pecado! Sin duda, esta no-ciudad diseñada en el desierto de Nevada representa el triunfo del exceso, del horror vacui y del simulacro integral: de la ficción sobre la realidad. Quizá también por ello recibe el nombre de “La Capital de las Segundas Oportunidades”: un lugar donde uno puede crearse, si su cuenta corriente se lo permite, una identidad superpuesta, efímera como el arte fallero, gracias a las ensoñaciones provocadas por el clima sofocante del mejor plató situacionista del mundo. No es extraño que Francisco Camps, adalid de la Valencia cursi, calificara en su momento de “gran proyecto” y “apuesta muy inteligente y valiosa” la iniciativa de crear un Las Vegas en Los Monegros, y que estudiara diseñar “un pack Monegros-Costa Valenciana” para promover “sinergias interesantes” entre aragoneses y valencianos –siempre más fáciles que con los catalanes excepto cuando está por medio Bernie Ecclestone y la Fórmula 1.

Si el viajero llega por carretera a Las Vegas a través del desierto del Mojave, encontrará vistosos carteles alertándole de las tentaciones que le esperan, con especial insistencia en los pecados de la carne : “no cometas adulterio”. Tanto si vuelve por el mismo Mojave como si lo hace atravesando el también cinematográfico Desierto de la Muerte, la misma cartelería le conminará al arrepentimiento de los pecados con toda seguridad cometidos. No sé si nuestros viajados gobernantes, como el conseller d’Economia, Recerca i Coneixement (!), Andreu Mas-Collell, ex-profesor de las prestigiosas universidades de Berkeley y Harvard, conocen los pecaminosos caminos que llevan a Las Vegas. Valoraciones morales al margen, convendría que este especialista de la Teoría de Juegos –tan relevante para el pensamiento estratégico– recordara que, a diferencia del territorio desértico sobre el que se diseñó Las Vegas, la construcción de su réplica sobre 800 hectáreas del delta del Llobregat, en su gran mayoría dentro del Parc Agrari del Baix Llobregat, arrasaría un paisaje natural, pero también una tupida red de relaciones materiales y vínculos sociales que sólo unos apátridas sentimentales pueden consentir. El diseño de alternativas estratégicas exige la consideración de las fortalezas y oportunidades del entorno económico y sociocultural y no el espejismo cortoplacista de la construcción de un strip fallero, por catalanizado que se presente. El impulso económico que necesitan Catalunya y el Baix Llobregat no tiene relación alguna con el modelo productivo que supone un parque temático como el Eurovegas que propone Adelson. Su bautismo como Gaudí Sands a sólo tres minutos en bicicleta de la magnífica Colònia Güell, entraría en el terreno de las sublimaciones compensatorias estudiadas por Alfred Adler. Espero que los gobernantes –¡nacionalistas y católicos!– se arrepientan de sus pecados contra el territorio y su gente antes de cometerlos. La penitencia sería mucho más costosa. Les ha alertado hasta el abad de Montserrat.

Els dietaris de Marai

Dietaris 1984-1989
Sándor Márai
Ed. Empúries,
2009

Aquests dietaris corresponen als darrers anys de vida de l’autor. El fet, com és natural, s’hi deixa notar. La melangia i la desesperança hi suren a cada pàgina. Amb la contenció, això és cert, d’un home educat en els valors de la burgesia il·lustrada. La pèrdua es converteix en material literari de primera mà. En l’entremig, hi destaca la lucidesa i la serenitat davant del temps que fuig. La malaltia i la mort de la dona de l’escriptor són apunts d’alta emoció, esborronadors. La decadència i l’envelliment es converteixen també en literatura sense indulgència. I, malgrat tot, la recerca de la bellesa estètica hi és transversal com una post de salvació biogràfica. Es tracta, per tant, d’un llibre de valors ambivalents. A estones, lluminós; i unes altres, a un pam de la fosca tenebra. Com la vida mateix. Sobretot per a aquells escriptors que no entenen la literatura com un substitut paral·lel a la vida, sinó com una vida dins de la vida. Márai és un dels grans en el pedestal de la millor literatura del jo.

Elogi del monilingüisme

Rita barberà està que se n’ix per totes les costures.
Però la seua falta d’educació general bàsica i el seu profund antiintel.lectualisme ve de lluny.
Deixeu-me que recupere un article que vaig publicar fa ja 4 anys.

El lenguaje es el principal instrumento humano para elaborar y expresar el pensamiento. La lengua es, en consecuencia, la capacidad humana de pensar y de transmitir el pensamiento de que dispone cada grupo humano concreto. El mundo de las lenguas simboliza, pues, la diversidad humana. Las comunidades lingüísticas, sea cual sea su potencial demográfico, colorean, a su manera, el rico arco iris de esa diversidad. La desaparición de una lengua conlleva un empobrecimiento sin retorno de la geografía humana.
El poliglotismo es, en este contexto, una necesidad para todos si de verdad queremos comprender el rostro del otro en un mundo de iguales. La creciente globalización impone, por otra parte, lenguas francas en el mundo de los negocios, de la ciencia, de la tecnología o de la alta política. Pero las lenguas de dimensión más limitada también necesitan su espacio vital. Además de su valor instrumental dentro de su comunidad, atesoran otro de carácter más simbólico y sentimental para sus hablantes. Depende de nuestra voluntad y de nuestra capacidad de aprendizaje que participemos activamente, y en mayor o menor grado, en este universo cada día más complejo. Por todo ello, la mayoría de los mortales pasamos una parte importante de nuestras vidas aprendiendo otras lenguas, aprendiendo a convivir con otras maneras de pensar y de estar en el mundo.
De todo ello hablábamos hace unas semanas en mi clase de conversación de inglés en Providence (Rhode Island, USA) cuando un japonés contó lo que él dijo que era un chiste. «Una persona que habla dos lenguas se llama bilingüe, ¿verdad?», afirmó-preguntó Nobu. «Una que habla tres, trilingüe. Y una que sólo habla un idioma, ¿cómo se llama?», inquirió seguidamente. «¡Americano!», se contestó él mismo echándose a reír a mandíbula abierta. «O español», le dije yo, aunque, por su cara de desconcierto, creo que no me entendió.
Todo esto me viene a la cabeza cuando veo que el New York Times, uno de los periódicos más prestigiosos del mundo, publicita en portada a mi presidente, Francisco Camps, como paradigma de la corrupción en España. Y, siguiendo el tema y sus enlaces virtuales con interés, leo, gracias a la red, que un periodista valenciano le pregunta sobre el hecho a la eterna alcaldesa de Valencia, Rita Barberá -colega ideológica de Camps y responsable de la celebración en Valencia de la America’s Cup de vela. Ni corta ni perezosa, la señora alcaldesa contesta que ella no sabe inglés -y me consta que tampoco la lengua de su ciudad- y que por lo tanto le importa muy poco lo que publique el New York Times.
Al margen de nuestras creencias y valores, y al margen también de nuestra apuesta personal por la universalidad cultural o por el aislacionismo lingüístico, no creo que nadie en su sano juicio pueda prescindir del idioma del New York Times y de Google. Bueno, excepto aquellos que crean, como le ocurría a Leonardo Sciascia, que Sicilia era el mundo.