Les llengües i les seues indústries

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LA LENGUA Y SUS INDUSTRIAS
Toni Mollà

Profesores universitarios, ejecutivos de empresas de titularidad privada y representantes de instituciones convocados por el grupo PRISA y la Fundación Alternativas –ligada al PSOE y presidida por Pere Portabella– se reunieron durante dos días a principio de diciembre en Madrid en el II Foro de Industrias Culturales en Español. Su objetivo era reflexionar sobre el mercado en lengua española en los Estados Unidos de América. Su primera conclusión fue que es imprescindible un plan de acción conjunto entre los Gobiernos de los países de habla hispana y las empresas culturales, por una parte, y entre productores de contenidos en lengua española y gestores, por otro. Los responsables ministeriales españoles anunciaron, en este contexto, que todos los esfuerzos hasta ahora dispersos de la acción cultural exterior empezarían a coordinarse desde la nueva Sociedad Estatal creada al respecto –que substituye a la de Conmemoraciones Culturales, la de Exposiciones Universales y la de Acción Cultural Exterior. Esta nueva política estratégica coordinará las iniciativas públicas y privadas con el objetivo de establecer sinergias y producir economías de escala que permitan avanzar en los objetivos comunes, que no son otros que la ampliación de la cuota de mercado de los productos en lengua española. Hay que hacer “lo que en su día hicieron Reino Unido y Francia”, indicó Francisco Galindo, secretario general de la SGAE. Ciertamente, estos dos países abrieron el camino de la internacionalización de sus lenguas como punta de lanza de sus productos –culturales y no culturales– en el resto del mundo. Aunque los inventores de esta estrategia de expansión global fueron, en realidad los EE.UU,, con Hollywood de avanzadilla, después de terminar la Segunda Guerra Mundial. Todavía hoy con excelentes resultados directos e indirectos, pues allá donde se consumen las películas de Hollywood, se abren amplios mercados para todo tipo de productos made in USA.
España se ha puesto al día. Superado el discurso metafísico de la madre patria, los estrategas de la cultura española han (re)abierto los ojos a los mercados como ya hicieron los Reyes Católicos con la Conquista de América. Confiesan por fin que las políticas lingüísticas y las culturales son una parte importantísima de las políticas socioeconómicas. La misma ministra de Cultura, que participó en la clausura del citado Foro, mostró su interés en la proyección exterior de la lengua española sobre bases empresariales. La señora ministra –que lo es, hasta nueva orden, de todos los españoles, hablen y escriban estos cualquiera de las lenguas peninsulares– obvió la necesidad de diseñar una política de base plurilingüe, que quizá hubiera sido su obligación con el artículo 3 de la Constitución en la mano. En cualquier caso, el diagnóstico del Foro es, a mi modesto entender, totalmente acertado. No hace falta ningún sociolingüista de guardia para inferir una simple regla de tres. Si el tal diagnóstico es acertado para el mercado en español –una lengua-mercado de primerísimo nivel global–, qué decir sobre los mercados de nuestras lenguas más o menos minoritarias y subalternas. No parece que el discurso resistencialista de la mayoría de nuestros dirigentes e intelectuales tenga muchas posibilidades de éxito en un mercado cultural cada día más abierto. Si alguna posibilidad de penetración tienen nuestros idiomas y nuestros productos en este contexto, ésta pasa, sin duda, por una colaboración imprescindible –política, económica, sociocultural y tecnológica– entre los poderes públicos y entidades cívicas que deseen un ecosistema comunicativo equilibrado y un mercado cultural basado en el multilateralismo lingüístico y la diversidad de voces. Quizá podríamos empezar por seguir el ejemplo español. A fin de cuentas, como dijo el clásico, las armas siempre las determina el enemigo –con perdón.

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